Gran seguidor de Dan Brown, lo admito. ¿Qué dice esto de mi? Bueno, que me gustan las novelas de lectura rápida, que mezclan ficción y ciencia (o datos), con protagonistas que pueden resolver problemas usando su ingenio (ya de chico me pasaba con lecturas tales como "Un Yankee en la Corte del Rey Arturo"). Y sí. Tengo todos sus libros (bueno, técnicamente "Ángeles y Demonios ya no, porque se me hongeó luego de mojarse, así que si algún alma caritativa quiere deshacerse de él, por acá andamos!).
En fin...desde que Brown empezó a utilizar como personaje principal al profesor de simbología Robert Langdon como personaje principal, la fórmula ha sido mas menos siempre la misma: el bueno del profesor se va a ver arrastrado a una crisis global, va a "emparejarse" con una mujer madura muy bella y lista - que invariablemente lo terminará cautivando - , el misterio va a estar relacionado con algo científico o histórico que será sorprendente y cambiará algún paradigma, tendrá alguna ciudad (o país) que el protagonista recorrerá, pero siempre uno distinto (de cierta forma dándonos a entender que Brown pasó mucho tiempo en ese lugar he hizo una buena investigación). Después de 3 o 4 libros la fórmula se vuelve un poco repetitiva, pero bueno, uno aferrado a ese gusto sigue leyendo sus libros (al menos hasta ahora).
Esta vez el escenario es Praga, probablemente una de las ciudades más apropiadas del planeta para una novela del viejo Dan: iglesias, castillos, cementerios, leyendas, pasadizos, símbolos y suficientes historias ocultas como para que Langdon no tenga un solo día tranquilo.
Y el misterio arranca con Katherine Solomon, científica especializada en la llamada ciencia noética, quien está a punto de publicar un manuscrito capaz de poner patas arriba algunas ideas tradicionales sobre la conciencia humana.
Naturalmente, las cosas salen mal. Muy mal. Hay un asesinato. Katherine desaparece. El manuscrito también. Aparecen organizaciones secretas, agentes, conspiraciones, tecnología, leyendas medievales y una criatura que parece haber salido directamente de una pesadilla del folklore centroeuropeo. Bueno...típico Brown.
Los dos grandes personajes "no humanos" van a ser Praga y la conciencia humana.
Brown conoce perfectamente el tipo de escenario que necesita su historia y aprovecha la ciudad hasta el último rincón.
Iglesias, arquitectura gótica, leyendas judías, cementerios, castillos, callejones y pasadizos convierten a Praga en algo más que un escenario. Porque cuando Brown empieza a llevarnos por la ciudad, uno puede perdonarle bastante. Incluso algunas de sus interminables explicaciones. No...no todas.
Obviamente, el tema sigue siendo lo más interesante. Brown se mete esta vez con neurociencia, filosofía, espiritualidad y teorías sobre qué ocurre con nuestra conciencia y nuestra identidad. Y ahí aparece uno de los elementos más interesantes —y también más polémicos— de la novela. Brown mezcla conceptos científicos reales con ideas especulativas y fenómenos que entran directamente en terrenos mucho más discutibles. ¿Dónde termina la ciencia y empieza la fantasía? Y lo más divertido es que el propio libro juega constantemente con esa frontera. No hace falta aceptar las teorías que presenta para disfrutar de la historia. De hecho, probablemente sea mejor no hacerlo.
El personaje de Salomon aporta muchísimo, y eso también es bueno, ya que no todo el peso "explicativo" o "resolutivo" cae en las manos del profesor.
¿El principal problema? Además de lo formulaico que Brown es, para quienes lo venimos leyendo de hace años, es el exceso de páginas. "El Ultimo Secreto" podría haber perfectamente tenido 150 / 200 páginas menos y hubiese sido hasta quizás más efectiva. De hecho, me puse a revisar sus libros, y todos andan entre las 500 y 620 páginas. Éste en más de 800. Algo a revisar, querido Brown.

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