Hay algo curioso en "Lanterns": una serie puede estar bien actuada, tener una factura técnica impecable y contar con un equipo creativo de primer nivel, pero aun así dejarte con la sensación de que estás viendo una adaptación de algo que apenas reconocés. Y ese es, precisamente, el gran problema que le encontré a la nueva apuesta de DC y HBO.
"Lanterns" es una producción que apuesta por el drama policial, los personajes atormentados y los secretos de una pequeña comunidad estadounidense. En lugar de lanzarnos de cabeza a una aventura cósmica protagonizada por los Green Lantern Corps, nos propone una investigación criminal en la América profunda, con Hal Jordan y John Stewart compartiendo pantalla, interrogatorios, conflictos personales y una buena dosis de tensión. ¿El resultado? Una serie que tiene argumentos para convencer a quienes buscan televisión de calidad, pero que también explica por qué tantos seguidores de DC terminaron decepcionados.
La comparación con "True Detective" no es exagerada. De hecho, es prácticamente inevitable.Tenemos paisajes rurales, personajes con un pasado complicado, una investigación que avanza entre secretos y sospechas, y una atmósfera en la que parece que todos tienen algo que ocultar. La influencia del policial adulto es evidente, y la presencia creativa de Chris Mundy, vinculado a "Ozark" y "True Detective", ayuda a entender el rumbo elegido. El problema no es que "Lanterns" se parezca a una serie policial. El problema es cuánto de su identidad como historia de Green Lantern queda relegado en el proceso.
Durante buena parte de la temporada, uno puede olvidarse de que está viendo una adaptación de un cómic sobre una fuerza policial intergaláctica cuyos integrantes utilizan anillos capaces de convertir la fuerza de voluntad en construcciones de energía. Y eso es tan llamativo como discutible. Por momentos, parece que alguien tomó el argumento de un thriller rural, incorporó dos personajes de DC y decidió que el universo cósmico podía esperar. Lo curioso es que la fórmula funciona. Al menos, funciona bastante bien como drama televisivo. La pregunta es si alcanza con eso.
Si hay un aspecto en el que "Lanterns" acierta de lleno, es en la elección de Aaron Pierre ("Brother") para interpretar a John Stewart. Pierre tiene presencia, transmite inteligencia, disciplina y determinación, y consigue que el personaje resulte interesante incluso cuando el guion le exige contenerse más de lo que nos gustaría. Hay una intensidad en su interpretación que no necesita grandes discursos ni gesticulaciones exageradas. Su John Stewart es un hombre que parece tener todo bajo control, pero cuya seguridad convive con una historia personal compleja, las expectativas familiares y la presión de demostrar que merece el lugar que ocupa. Y ahí está uno de los grandes aciertos de la serie: Stewart no es simplemente el novato que debe aprender de Hal Jordan. Es un personaje con personalidad propia, conflictos internos y una manera particular de entender el deber. Pierre consigue transmitir todo eso con una economía de recursos admirable. Su presencia física, su mirada y su capacidad para expresar frustración sin perder la compostura lo convierten en una elección extraordinariamente acertada. Para quienes conocen al personaje de los cómics y de la animación de DC, hay elementos reconocibles en su disciplina, su carácter y su formación militar. La serie no siempre aprovecha todo el potencial del personaje, pero el actor sí consigue que uno quiera seguir acompañándolo.
Aaron Pierre es, probablemente, la mejor carta de presentación de esta adaptación. Si DC quiere construir un futuro cinematográfico y televisivo alrededor de John Stewart, difícilmente podría haber encontrado una elección más convincente.
Kyle Chandler también merece reconocimiento. Su Hal Jordan está lejos del héroe luminoso, confiado y aventurero que muchos lectores tienen en mente. Aquí encontramos a un veterano desgastado, cínico, con una relación complicada con su trabajo y con la posibilidad de que alguien más ocupe su lugar. Chandler sabe interpretar a hombres que esconden sus inseguridades detrás de una actitud despreocupada. Su Hal utiliza el sarcasmo, la provocación y cierta arrogancia como mecanismos de defensa. A veces puede resultar irritante, pero esa incomodidad forma parte de la construcción del personaje.
La dinámica entre Chandler y Pierre es uno de los motores de la temporada. La serie se juega su "gran baza" en esto, a sabiendas de lo bien que funcionan las "Buddy movies" desde tiempo ha. Hal improvisa, provoca y actúa; John analiza, planifica y cuestiona. La fricción entre ambos genera algunos de los mejores momentos de la serie. El problema aparece cuando la reinterpretación se aleja tanto de las características tradicionales de Jordan que uno empieza a preguntarse si estamos viendo una nueva versión del personaje o simplemente un protagonista de policial al que le pusieron un anillo verde.
Aun así, el trabajo de Chandler es sólido. Y cuando ambos actores comparten escena, la serie demuestra que no necesita recurrir constantemente a efectos especiales para mantener el interés.
No es difícil entender por qué la crítica recibió tan favorablemente la producción. La recepción inicial fue muy positiva, con elogios dirigidos especialmente a las actuaciones, la química entre sus protagonistas y la decisión de priorizar el desarrollo de personajes. La serie intenta darle peso emocional a una historia de superhéroes y apuesta por conflictos humanos que no se resuelven simplemente utilizando un anillo de poder (y es de paso, una forma de ahorrarse unos mangos en CGI, y de paso a alejarse de la versión de Ryan Reynolds, que luego de ver esta serie, no luce tan mala).
También hay una intención de explorar cuestiones como la identidad, la responsabilidad, el racismo, las expectativas familiares y el significado del heroísmo (o sea, agenda social infaltable en casi cualquier producción de hoy en día). John Stewart, en particular, ofrece una perspectiva interesante sobre lo que significa ser considerado un modelo de conducta y cargar con las expectativas de los demás.
Es una propuesta adulta, con un tono que se distancia deliberadamente de la aventura superheroica más convencional. Y hay que reconocerlo: la apuesta tiene personalidad. No estamos ante una producción que se limite a repetir fórmulas conocidas ni a llenar cada episodio de guiños para satisfacer al espectador más fanático.
El inconveniente es que, en ocasiones, la serie parece demasiado enamorada de su propia gravedad. Hay escenas que explican en exceso sus temas, diálogos que subrayan ideas que ya habíamos entendido y tramos narrativos que podrían haberse resuelto con mayor agilidad.
El misterio central tampoco siempre tiene la fuerza necesaria para justificar tanto rodeo. Cuando el desarrollo de los personajes resulta más interesante que la investigación que supuestamente los reúne, algo no termina de encajar.
Un tema importante acá es: ¿Y los Green Lanterns? Aquí llegamos al punto que explica buena parte del rechazo de los seguidores más tradicionales de DC. Green Lantern es uno de los conceptos más imaginativos de la editorial. Los anillos permiten crear prácticamente cualquier objeto imaginable mediante la fuerza de voluntad. El Green Lantern Corps patrulla sectores del universo, se enfrenta a amenazas cósmicas y forma parte de una mitología que incluye civilizaciones alienígenas, conflictos interplanetarios y una extensa galería de personajes.
Es un universo con posibilidades narrativas enormes. Sin embargo, "Lanterns" decide reducir buena parte de ese potencial para concentrarse en una historia terrestre, con una estética sucia y realista, pueblos pequeños y conflictos que podrían pertenecer perfectamente a otro drama policial.
¿Es legítimo hacerlo? Por supuesto. Una adaptación no tiene la obligación de reproducir cada viñeta de los cómics. ¿Es una decisión que puede decepcionar? Absolutamente.
El problema no se limita a la ausencia de grandes secuencias espaciales. También está en la escasa presencia de las construcciones verdes, en el uso relativamente limitado de los poderes y en la sensación de que la mitología de los Lanterns aparece subordinada a una historia que podría funcionar casi igual sin ellos. Y eso, para muchos seguidores - este servidor incluído -, es difícil de aceptar.
No estamos hablando de un personaje secundario al que se le modifica el origen para adaptarlo a una película. Estamos hablando de una franquicia cuya principal fortaleza es precisamente su capacidad para imaginar lo imposible. Cuando una serie sobre Green Lantern pasa tanto tiempo intentando parecer realista, corre el riesgo de olvidar aquello que la hacía diferente.
La crítica especializada puede valorar la contención, la ambición dramática y la calidad interpretativa. El lector que lleva años esperando ver el potencial de los anillos trasladado a la pantalla puede preguntarse, legítimamente, por qué hay tan poco de todo eso.
Conviene aclarar algo: "Lanterns" no carece por completo de conexiones con el material original. Hay referencias a la historia de los personajes, elementos de la mitología de DC y guiños que los lectores más atentos pueden identificar. La caracterización de John Stewart recupera aspectos de distintas etapas del personaje, mientras que la representación de Hal Jordan toma elementos de versiones más desencantadas y veteranas. Pero una cosa es incorporar referencias y otra muy distinta es capturar la esencia de una franquicia. La serie se inspira en los personajes y en ciertos elementos del universo Green Lantern, pero su estructura, su ritmo y su lenguaje visual responden principalmente al policial dramático contemporáneo. Es una adaptación que toma prestados los nombres, los poderes y algunas piezas de una mitología, para construir algo que funciona según reglas bastante diferentes.
Y aquí aparece una contradicción interesante: quizás "Lanterns" no necesite ser una adaptación fiel para ser buena televisión, pero sí necesita recordar por qué eligió contar una historia de Green Lantern y no una de dos detectives con problemas personales. Para el espectador que llega sin conocimientos previos, esa diferencia puede ser irrelevante. Para el lector de DC, puede ser determinante.
"Lanterns" es una producción interesante, bien interpretada y con una identidad propia. Aaron Pierre demuestra que es el John Stewart que muchos querían ver, Kyle Chandler construye un Hal Jordan complejo y la química entre ambos sostiene buena parte del relato.
La influencia de "True Detective" le proporciona una atmósfera reconocible y un tono adulto que la diferencia de otras producciones de superhéroes. No obstante, ese mismo enfoque limita el desarrollo de los elementos más fascinantes del material original.
Hay buenos personajes, actuaciones convincentes y una ambición narrativa que merece reconocimiento. También hay una historia policial que se extiende más de lo necesario, un misterio que no siempre está a la altura de sus protagonistas y una utilización demasiado tímida de las posibilidades visuales y narrativas de Green Lantern. La serie puede convencer a quienes buscan un thriller con buenos actores. Incluso puede resultar atractiva para quienes normalmente no se acercan a las adaptaciones de cómics.
Pero para una parte del fandom, eso no es suficiente. Porque Green Lantern no es solamente un policía espacial con problemas personales. Es una franquicia que puede llevarnos a los confines del universo, explorar el poder de la imaginación y convertir la fuerza de voluntad en algo tangible. Y cuando una adaptación reduce ese potencial para parecerse a "True Detective", es inevitable preguntarse cuánto está ganando y cuánto está dejando por el camino. Termina siendo, en definitiva, una serie de superhéroes sin casi nada super. Como una pizza de 50 cms con dos fetas de muzzarella.
PAÍS: USA
AÑO: 2026
GÉNERO: superhéroes / fantasía / drama
DURACIÓN: 8 x 60 mins aprox
GUIÓN: 6 /10
DIRECCIÓN: 9 /10
ACTUACIONES: 8 /10
CGI: 6 / 10







