Hay algo particularmente atractivo en la idea de convertir al personaje más desafortunado de "The Big Bang Theory" en el protagonista de una aventura que involucra nada menos que la supervivencia del universo. Stuart Bloom (Kevin Sussman), el eternamente deprimido propietario de la tienda de cómics, aquel sujeto que parecía haber nacido para perder incluso cuando no estaba compitiendo, finalmente tiene su propia serie. Y, como era de esperar, las cosas no salen exactamente como estaban previstas.
Creada por Chuck Lorre ("Two and a Half Man" / "Dharma & Greg"), Bill Prady ("The Big Bang Theory") y Zak Penn ("Ready Player One"), toma a uno de los personajes secundarios más entrañables de la sitcom original y lo arroja a una historia de ciencia ficción, universos paralelos y catástrofes cósmicas. Una premisa que, sobre el papel, parece una combinación entre The Big Bang Theory, Rick and Morty y una crisis existencial particularmente cara.
El punto de partida es bastante sencillo: Stuart rompe un dispositivo construido por Sheldon, Leonard y Howard, provocando una catástrofe multiversal. Ahora deberá encontrar la manera de restaurar la realidad acompañado por Denise, Bert y el insoportable Barry Kripke. Es decir, cuatro personas que probablemente no elegiríamos para organizar una mudanza, mucho menos para salvar la existencia.
Kevin Sussman siempre fue uno de los grandes recursos de The Big Bang Theory. Stuart funcionaba como una especie de espejo deformado de los protagonistas: un nerd sin el éxito académico, profesional o sentimental de sus amigos. Su comicidad surgía precisamente de esa condición de perdedor permanente, aunque detrás de sus comentarios autodestructivos siempre existía cierta humanidad. La serie aprovecha ese capital emocional y lo coloca en el centro de una aventura que, paradójicamente, exige que Stuart deje de ser Stuart. Y ahí aparece uno de sus principales atractivos: la posibilidad de que un personaje acostumbrado a ocupar los márgenes de una historia termine siendo responsable de su resolución. No estamos ante un héroe convencional, sino ante alguien que parece estar permanentemente a dos malas decisiones de terminar viviendo en su automóvil.
El regreso de Lauren Lapkus (Denise), Brian Posehn (Bert) y John Ross Bowie (Kripke) permite recuperar una dinámica que no depende exclusivamente de la nostalgia. Particularmente Kripke, cuyo cinismo y personalidad irritante continúan siendo un contrapunto natural para el atribulado Stuart, y el mejor acierto en la serie.
Es inevitable relacionar a "Stuart Fails to Save the Universe" con "The Big Bang Theory". Su vínculo es, al mismo tiempo, su principal atractivo y su mayor condicionante. Para quienes acompañaron durante doce temporadas a Sheldon, Leonard, Penny y compañía, reencontrarse con Stuart y Kripke tiene un componente afectivo evidente. Para quienes no tienen esa conexión, la propuesta debe sostenerse por sus propios méritos como comedia de ciencia ficción. Y eso requiere algo más que guiños, cameos y referencias a una serie que terminó hace años. Y pocas veces los spin-offs funcionan.
Los universos alternativos permiten jugar con versiones inesperadas de personajes conocidos, alterar las reglas de la realidad y construir situaciones que difícilmente habrían encontrado lugar en la sitcom original. Pero el multiverso es también una herramienta peligrosa. En los últimos años, el recurso ha sido utilizado hasta el agotamiento por el cine y la televisión, convirtiéndose muchas veces en una excusa para multiplicar cameos y referencias antes que para contar una historia verdaderamente interesante. La pregunta no es cuántas versiones alternativas de nuestros personajes favoritos podemos conocer, sino qué sentido tiene encontrarlas. Y en una serie cuyo protagonista es Stuart Bloom, la respuesta parece estar menos relacionada con la física cuántica que con algo bastante más terrenal: la posibilidad de que incluso el individuo más insignificante de una habitación termine siendo indispensable.
Hay diferencias desde los conceptual: se cambia, por ejemplo, el humor intelectual y de enredos, por los tradicionales antihéroes que tiene más chance de que todo vaya mal a la próxima vuelta de esquina que de sobrevivir al próximo universo paralelo. Pero las diferencias también van por lo técnico. Deja la filmación (en su mayoría) de "estudio" y las risas de fondo, por más sets y menos manejo de la multicamara tradicional del sitcom. Además, se juega en abundancia con romper la "cuarta pared".
Si esperás otro "The Big Bang Theory" vas por el camino equivocado. Creo que el verdadero interés de la propuesta no reside en destruir universos ni en multiplicar versiones de personajes conocidos. Está en comprobar si Stuart puede convertirse en algo más que el simpático perdedor que todos recordamos. Porque salvar el universo puede ser complicado. Pero conseguir que una serie derivada tenga identidad propia, después de doce temporadas de una franquicia gigantesca, es una misión todavía más delicada. Y si algo nos ha enseñado Stuart Bloom es que las probabilidades de éxito nunca estuvieron particularmente de su lado.
PAÍS: USA
AÑO: 2026
GÉNERO: comedia / fantasía
DURACIÓN: 10 x 28 mins aprox
GUIÓN: 5 /10
DIRECCIÓN: 6 /10
ACTUACIONES: 5 /10
CGI: 5 / 10
