Adaptaciones del famoso personaje creado por Mary Shelley en 1818 (hace más de 200 años!) han habido cientos, literalmente. Ahora, si Benicio del Toro se anima a encararse con una "vaca sagrada" de la literatura como esta, hay que prestarle atención. Su "Frankenstein" es una ópera gótica con aura de tristeza, una película que no busca gritar terror sino respirar desolación, como si cada plano fuera un suspiro atrapado entre montañas nevadas y laboratorios que huelen a óxido y fracaso humano.
La historia se cuenta cercana al material original de la Shelley: menos “terror hollywoodense” y más preguntas dolorosas sobre crear, abandonar y ser responsable, con una narrativa que alterna la voz del creador (Viktor Frankenstein) y la criatura —dos versiones de un mismo pecado que se persiguen como si cada uno fuera el fantasma del otro. Ese juego de espejos es, quizá, lo mejor de la película. Sin embargo, no es lo único a destacar. Las actuaciones, por ejemplo, son algo sublime.
Por un lado tenemos a Viktor Frankenstein (interpretado por un Oscar Isaac - "Ex-Machina" - al que cuesta acostumbrarse al principio, pero que luego vemos como hace el papel suyo). Un hombre que arranca como científico idealista —un romántico obsesionado con “burlar a la muerte” y darle sentido al dolor— y termina derrapando en arrogancia, culpa y repulsión. Isaac construye a Viktor con un temblor interno constante: parece estar un paso antes del derrumbe emocional, y verlo odiar lo que creó es una daga que Del Toro clava con elegancia. Eso sí, a mi gusto, la repugnancia por su propia creación llega demasiado pronto. Ahí falta un poco de desarrollo.
Por otro lado, Jacob Elordi ("Euphoria") como "la criatura". Más cerca de un ángel caído que un monstruo clásico, Elordi arrastra el cuerpo como si le pesara el mundo, con una voz que parece aprender a existir mientras habla. Su criatura no asusta; duele. Es torpe, frágil, noble cuando puede, feroz cuando lo arrinconan. En sus manos, la condena de Shelley respira de nuevo. Ambos están fantásticos, y su química —hecha de distancia, de rechazo, de necesidad— sostiene la película.
Pero las actuaciones no son lo único a destacar: el diseño, la fotografía, el maquillaje, y el vestuario se llevan también sendos aplausos. Con un cuidado artesanal por el "look" de los personajes, los vestuarios ya cuentan de por sí una historia. Acá, además el maquillaje de la propia bestia (de entre 10 y 11 horas diarias, con 42 piezas prostéticas) es digno de nominación al Oscar. Por su parte la fotografía, con las panorámicas del ártico, la fortaleza donde se "crea" al monstruo, e incluso en las calles sucias de una ciudad atestada, es una obra de arte; rojos, azules, y blancos jugando su juego.
No todo es perfecto. El CGI parece quedar en el debe por muchos momentos, pero en la sabiduría de Del Toro, éste fue muy limitado (lástima lo de los lobos), ya que prefirió hacerlo todo " a la vieja usanza", con dobles, cables, y todo eso del buen cine de antes.
Por otro lado, el personaje de Lisa (Mia Goth - "MaXXXine") parece poco desarrollado, aunque podría darnos lugar a una secuela (no, no pienso spoilearte el porqué). Mérito sí para Del Toro, quien le da más proactividad a este personaje con respecto al libro. Hablando de ello, si bien en la obra original de Shelley, el hermano de Viktor cumple una función, hay un elemento clave que los diferencia. Por otro lado, el personaje interpretado por Christoph Waltz ("Bastardos Sin Gloria") no existe en el libro. Si bien es una adición interesante, no sé si hubiese sido tan necesario o un mero capricho del director.
Dicho todo esto,este "Frankenstein" sí vale la pena. Ya sea seas un fanático del personaje o quieras descubrir un lado nuevo del mismo (o simplemente disfrutar de un buen drama de terror).
PAÍS: USA
AÑO: 2025
GÉNERO: drama / horror / steampunk / fantasía oscura / terror monstruoso
DURACIÓN: 149 minutos
GUIÓN: 7 /10
DIRECCIÓN: 9 / 10
ACTUACIONES: 9 /10


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